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“Quedo tranquila, ya sé que es él”: madre de Libardo Durán, muerto en el Palacio de Justicia
Nelly Durán recibió, un día después de cumplir 83 años, los restos de su hijo, quien era escolta del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, y murió con él en el Palacio de Justicia. Durante 33 años oró ante otros restos que resultaron ser de dos miembros del M19. La Unidad hizo acompañamiento psicosocial a la familia.
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Un sube y baja de emociones vivieron hoy los parientes de Libardo Durán tras recibir sus restos, plenamente identificados, tras 33 años de su muerte en los violentos hechos de noviembre de 1985 en el Palacio de Justicia.
A las 11 de la mañana, cuando la mamá y la esposa llegaron al acto simbólico de siembra de un árbol en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación de Bogotá, sus expresiones iniciales eran relajadas.
“Me ha sentido con paz, pensé que iba a ser muy impactante, pero ver los restos de Libardo, poderlos tocas me llenó de paz, le doy gracias a Dios”, dijo Fabiola Hernández Guevara, quien duró un año casada con Libardo, después de haber sido novios durante cinco años desde que ella tenía 15 y el 21. Lo sigue definiendo como el amor de su vida aunque después se casó con otro hombre con quien tuvo tres hijos.
“Quedo tranquila, me he sentido muy contenta porque ya sabemos que es él”, expresó en ese momento María Nelly Durán, la mamá de aquel joven, el mayor de sus seis hijos, policía de 28 años, que hacía pocas semanas se había convertido en escolta del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, y murió con él.
Venían de la sede de Medicina Legal, donde les habían dado las explicaciones científicas y técnicas de cómo identificaron los restos de Libardo entre el cúmulo de los depositados durante años en la fosa común del Cementerio del Sur.
Los Durán, la mamá y los cinco hermanos, siempre tuvieron dudas sobre los restos que les entregaron en 1985, cuatro días después de los hechos. “Es que nos entregaron un carbón”, dijo Fredy, el menor. “Es que todo fue tan de afán, esa vez no nos dejaron ver los restos, nos obligaron a enterrar eso”, agregó con voz temblorosa Henry, el más cercano a Libardo porque vivió con él varios años en Bogotá. Sin embargo, venían desde Tesalia, Huila, donde viven, a rezarle, a expresarle su amor.
En esa época, vino a saberse en diciembre pasado, les entregaron en realidad los restos de dos miembros del M19 que realizaron la toma al Palacio: Noralba García y Alfonso Jaquim, el segundo al mando de la operación.
“Es que en esa época no había pruebas de ADN”, aclara el Fiscal Jorge Sarmiento, quien hace parte de la Fiscalía Primera delegada ante la Corte Suprema de Justicia, uno de los que lleva las nueve investigaciones abiertas sobre el caso del Palacio, dos de las cuales son sobre desaparecidos.
Pasaron dos horas y media y las dos mujeres, mamá y esposa, rompieron en llanto al darse un abrazo para desearse la paz en la misa que se celebró en la Catedral Primada de Bogotá. Fue el detonante de tanta emoción contenida, de ese sube y baja de 33 años. Cada una volvió a su silla llorando, secando lágrimas.
“Es que es muy duro, da tranquilidad pero es revivir otra vez todo”, dijo Fredy. Esa es la razón fundamental por la que la Unidad para las Víctimas hace acompañamiento psicosocial a las familias varias semanas antes y durante los procesos de entrega de restos de personas que murieron en medio del conflicto armado y cuyos restos son encontrados e identificados mediante investigaciones de la Fiscalía y pruebas científicas de Medicina Legal.
Las respuestas de cada quien muestran ese torbellino emocional por el que pasan. Ante la pregunta ¿creen que pueden perdonar? La mamá afirma “claro que sí, ya lo hecho, hecho está”, la esposa dice “el que perdona es Dios y cada quien tendrá que enfrentarse a la justicia divina”, los hermanos dicen “perdonar sí, olvidar, no”.
Que insólito regalo le llegó de cumpleaños a Nelly. Ayer cumplió 83 y anuncia que seguirá viniendo a Bogotá a visitar a su hijo, ahora sí con la certeza de que es él, y sin importarle que por el viaje largo de siete horas en bus se le hinchen bastante los pies, como hoy.
No solo irá a su tumba, también vendrá, dice, a ver cómo crece el árbol de la especie siete cueros enano que fue sembrado en honor de su hijo en el Centro de Memoria y que lleva un placa con el nombre.
Quién sabe si esta dura experiencia lleve a los Durán y a Fabiola a concluir lo mismo que el Fiscal Sarmiento: “esto de las exhumaciones nos pega muy duro, pero a su vez muestra cómo la vida es más fuerte que la muerte, porque los restos encierran vida, el ADN, y nos dan cuenta de cómo ocurrieron los hechos y sobretodo le da tranquilidad a las familias de saber qué fue lo que ocurrió”.