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Antes víctimas, hoy empresarios apoyando la reparación de otras víctimas con microfranquicias
Con una alianza público-privada, empresarios que sufrieron el conflicto armado apoyan a otros sobrevivientes en Antioquia a emprender sus negocios propios y superarse.
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“Nos estamos apoyando. Todos tenemos una historia y el futuro es hoy para arrancar a aterrizar sueños”.
Con optimismo en sus palabras Juan Arango vislumbra el proyecto de microfranquicias que impulsará a víctimas del conflicto como él a crear 15 nuevas empresas.
Junto a su familia, sufrió el desplazamiento forzado hace casi 20 años en el municipio de San Luis, en la época en la que el conflicto armado azotó el Oriente antioqueño.
“Por el conflicto nos desplazamos y luego de años superándonos y creando empresa tenemos la oportunidad de expandir nuestra marca y transferir conocimiento a otras personas que sufrieron la violencia, para que puedan tener su emprendimiento propio y tener independencia económica”, relató el empresario.
La empresa familiar Café Arangos es una de las tres marcas validadas en el mercado que apoyarán con su experiencia y modelo de negocio a 15 familias (5 por cada marca) que comenzarán su propia unidad de negocios mediante microfranquicias. Se trata de Café Arango, la Casa del Didáctico y la Tecnología y Cafetos del Cedral.
El proyecto desarrollado para propiciar la inclusión social de la población víctima de desplazamiento forzado se logra tras una convocatoria del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, mediante la alianza entre la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, Innpulsa Colombia, la firma asesora Expansión y Gestión Empresarial y la Cámara de Comercio del Aburrá Sur.
Catalina Álvarez, profesional de la Unidad para la Reparación a las Víctimas, indica que estas entidades capacitarán a los grupos de personas o familias reconocidas como víctimas, las cuales serán seleccionadas tras una convocatoria en diferentes regiones de Antioquia. La Unidad, además del acompañamiento, brindará su atención sicosocial.
“En los próximos 18 meses, las nuevas 15 empresas deberán iniciar sus operaciones comerciales con el acompañamiento de los franquiciantes y apoyo de las instituciones, además de una inversión conjunta de 570 millones de pesos para su lanzamiento al mercado”, explica la funcionaria.
También destacó que estas alianzas público-privadas “son fundamentales para la superación de la vulnerabilidad con la generación de negocios rentables y sostenibles como parte de la reparación a la población víctima no solo con las microfranquicias, sino en muchos campos, para que tengan proyectos reales para reconstruir sus proyectos de vida”.
Las microfranquicias son una gran oportunidad para los sobrevivientes del conflicto con capacidad de emprendimiento, según Mónica Mata, directora de Expansión y Gestión Empresarial.
“Como nuevos emprendedores tienen la ventaja de iniciar una unidad de negocio con el respaldo de una empresa ya comprobada en el mercado, con curva de aprendizaje y a menor costo, lo que significa tener menos tropiezos”, afirma.
Superando el asistencialismo
“Por la oportunidad de crecimiento que nos ofrece la marca y el apoyo social a otras víctimas nos vinculamos al proyecto de microfranquicias”, cuenta Nubia Duque, gerente de la Casa del Didáctico y la Tecnología.
Esta empresa diseña y fabrica material didáctico infantil y escolar. El 80 por ciento del personal son desplazados por el conflicto en Antioquia. “Junto a muchos otros yo me tuve que ir de San Carlos para salvaguardar nuestras vidas”, relata Montoya, quien también se motiva porque “todos nos tenemos que ayudar y esto da la oportunidad de crecer en el sector empresarial, como victimas reparando a víctimas”.
Por su parte, la empresa franquiciante, Cafetos El Cedral, llega a proponer a los emprendedores en Antioquia un modelo de tiendas de café tipo chalet construidas en guadua.
“Hemos vivido la violencia, pero queremos convertir las dificultades en oportunidades generando empleo para familias víctimas”, dice Piedad Cárdenas, gerente de esta empresa fundada en 2004 por una familia desplazada de Huila por la violencia guerrillera.
Ella también resalta la alianza interinstitucional “para superar el asistencialismo con estos proyectos que brindan oportunidades para generar ingresos. Todo es un proceso y hay que hacer duelos y superarse. Nosotros llevamos más de 10 años aprendiendo y capacitándonos”.
Estos proyectos de inclusión productiva para la población víctima del conflicto y los grupos étnicos han beneficiado a más de 7.000 empresarios en Colombia, gracias a instrumentos como microfranquicias, la comercialización de la producción agrícola familiar y la marca social de confecciones Vivimos Pacíficamente, con una inversión del Gobierno Nacional de en 2017 de 26.500 millones de pesos.