
La Unidad para las Víctimas incluyó a la comunidad chocoana de Tanguí como sujeto de reparación colectiva
Esta población del municipio del Medio Atrato sufrió el conflicto armado desde los años noventa, pero hoy se muestra unida, organizada y con la intención de avanzar en su plan de reparación colectiva.

El pasado miércoles, la Unidad para las Víctimas notificó a la comunidad de Tanguí su inclusión en el Registro Único de Víctimas como sujeto de reparación colectiva. Situada en el municipio de Medio Atrato (Chocó), esta comunidad inició su proceso en 2013, cuando presentaron la declaración de los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado que afectaron al conjunto de la población.
En un ambiente festivo, con chirimía, relatos orales y baile, los lugareños compartien recuerdos y proyecciones para el futuro. Camisas verdes, naranjas y azules identifican a los seis músicos que con sus melodías pasan por la calle que lleva a la iglesia. En la plaza, al lado del río, se arremolinan los lugareños.
Según Florentino Mosquera, nacido en Tanguí, “este 2 de septiembre es un día histórico. Hemos tenido que pasar por momentos difíciles, salir huyendo por la parte de atrás del pueblo. Vamos a seguir trabajando por Tanguí y hoy le decimos a la Unidad que estamos en las buenas y las malas con ustedes y queremos que nos ayuden”.
“Hubo cosas que nos hicieron llorar y desplazarnos. Sabíamos que no seríamos los mismos: no encontraríamos el mismo amor, el mismo calor humano. Sin embargo, hoy hemos logrado cierta tranquilidad y damos gracias a la Unidad de Víctimas”, añade Rodrigo Rodríguez durante el acto simbólico previo a la notificación.
“Tanguí es uno de los 303 sujetos de reparación colectiva en el país. Se trata de comunidades afrocolombianas, negras, indígenas, campesinas, de defensores de derechos humanos, de periodistas, sindicalistas o asociaciones de mujeres con los que estamos trabajando en la reconstrucción del tejido social y diferentes medidas de tipo simbólico, moral y material, aun sabiendo que el conflicto armado continúa”, explica al respecto Paula Gaviria Betancur, directora general de la Unidad para las Víctimas.
“Quien no cuenta y conoce lo malo tiende a repetirlo”
Con esa frase inicia su intervención Amancia Mosquera, la matrona de Tanguí. Con un andar lento, llega para tomar asiento delante de todos, se acerca el micrófono y empieza a narrar cómo un 11 de noviembre de 2007 recorrió junto a sus vecinos la hora y media que, navegando por el río Atrato, separa la “sucursal del cielo” de Quibdó. “Nosotros pensamos que no tendríamos que salirnos de nuestro terruño, hasta que no aguantamos más”. Se producía así el desplazamiento masivo de casi la mitad de la población.
La presencia de grupos armados llevaron a Tanguí un nivel de violencia que no habían experimentado antes: delitos contra la integridad sexual, tortura, secuestro, allanamientos, amenazas, desplazamiento forzado, homicidios, y reclutamiento de niños, niñas y adolescentes. En el plano colectivo, se reconoce que hubo vulneraciones en relación con el territorio.
“Aquí la comunidad siempre era unida. Los llamaban [a los actores armados] a reunirlos para decirles que no los querían”. Aun así, desde la década de los noventa sembraron el miedo en la zona. “Llegaron a matar a la gente en su propia casa”, recuerda Amancia. “La guerra me atropelló”.
Meses después fueron retornando “y aquí nos quedamos resistiendo”, subraya esta mujer mayor que hoy ve a su pueblo convertido en una comunidad organizada, propositiva y con fuerte sentido de pertenencia. Aun cuando algunas personas decidieron establecerse en la capital chocoana, como su hermano Florentino, mantienen “la casita” en Tanguí y van todas las semanas a atender su finca. El municipio de Medio Atrato cuenta con gran riqueza hídrica que le permite el intercambio de pescado como el bocachico o el bagre, y frutas como el plátano o la guayaba con la zona del Valle de Aburrá, el suroeste antioqueño y Quibdó.
Llega la reparación, una tarea conjunta
“La inclusión de Tanguí en el registro como sujeto de reparación colectiva genera expectativa y demuestra la lucha que hemos tenido como comunidad. En lo personal, me compromete aún más a trabajar por mi pueblo”, asegura Rodrigo Rodríguez, rodeado por el grupo de apoyo conformado para impulsar el proceso.
María Inocencia Moreno, de la dirección territorial de la Unidad para las Víctimas en Chocó, hace un recorrido de los avances alcanzados hasta la fecha y presenta la ruta de reparación colectiva. “Por tratarse de una comunidad étnica, próximamente se hará la instalación de la consulta previa y así comenzará la caracterización del daño, la concertación de las medidas del plan integral de reparación y su posterior implementación y seguimiento”, cuenta la funcionaria.
Conscientes de que “las afectaciones que sufrieron las personas y las familias se hacen extensibles a la comunidad”, los líderes de la comunidad manifiestan su deseo de “que nuestro proceso sirva como modelo para otros procesos de reparación colectiva” y aportar así a la construcción de una Colombia mejor.
“Suenan vientos de paz a nivel nacional. Tenemos que seguir remando para que ese proceso de paz llegue a buen término. Eso va a permitir que no nos sigan victimizando”, concluye Florentino.