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Gracias a la reparación, víctimas de La Loma cambian el miedo por arte
Con dotación de equipos tecnológicos, audiovisuales y artísticos a los colectivos agrupados en la Fundación Casa Loma, la Unidad para las Víctimas apoya con nueva estrategia la reconstrucción del tejido social en esta vereda de Medellín.
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Si en el pasado dominaban los grupos armados ilegales que ejercieron terror en la vereda La Loma con asesinatos, desapariciones, desplazamientos masivos y hasta “fronteras invisibles”, desde hace siete años los espacios se los disputan la música, los grafiteros, los bailarines y los jóvenes que “disparan” con sus cámaras.
Son ocho colectivos agrupados en la Fundación Casa Loma, integrados por muchas víctimas del conflicto armado, que visibilizan el movimiento artístico y cultural con su proyecto La Loma no es como la pintan, que contribuye a desestigmatizar esta zona semirural que limita con la comuna 13 de Medellín. Incluso, con sus talleres, jornadas en colegios y semilleros infantiles y juveniles, brindan oportunidades de vida que se oponen a la criminalidad y otras problemáticas.
Para apoyar su labor, la Unidad para las Víctimas, con apoyo de la agencia USAID Y OIM, entregó una dotación tecnológica y artística consistente en equipos audiovisuales y de fotografía, elementos para adecuar un estudio de grabación (micrófonos, trípodes, cableados, paneles de insonorización), insumos para muralismo y grafitis, tablas digitalizadoras y uniformes para danzas y teatro.
Este fortalecimiento significó una inversión de casi 60 millones de pesos y hace parte de un nuevo modelo para impulsar procesos sociales y artísticos que ya vienen realizando las comunidades, que garantizan los derechos culturales de las víctimas como estrategia de reparación integral y garantías de no repetición.
Susana Tabares es una de las líderes del grupo Lotier que reúne a los apasionados por la fotografía. Muchos como ella sufrieron los desplazamientos forzados masivos entre 2011 y 2013. Recuerda que “muchas familias retornamos y empezamos con las uñas y los jóvenes queríamos otras alternativas de vida que no fueran disparar con un arma, sino disparar con una cámara”.
Entusiasmada tras desempacar las nuevas cámaras y lentes, dice que “nos permite visibilizar las acciones culturales que son más grandes que la violencia que vivió el territorio y que más niños y jóvenes pueden coger una cámara y tener mejores opciones de vida”.
Apoyo para cambiar la violencia por cultura
Cristian Álvarez, representante de la Fundación Casa Loma, quien también sufrió la violencia, ahora cuenta que “con estos equipos estamos viendo que la Unidad para las Víctimas nos apoya para nosotros apoyar el barrio y evitar que haya nuevas víctimas, y que las visiones cambien hacia la cultura, música, baile, fotografía y poder vivir de lo que se ama”.
El director de la Unidad para las Víctimas en Antioquia, Wilson Córdoba Mena, afirmó que “vamos a seguir apuntando a este tipo de proyectos que reconstruyen el tejido social afectado por la violencia y los desplazamientos, y que generan proyectos de vida y de emprendimientos para que sigan multiplicándolos en sus comunidades ahora con nuestro apoyo”.
A esta dotación su suma el acompañamiento psicosocial por parte de la Unidad, que se enfoca en la recuperación emocional, el manejo de las experiencias de sufrimiento y la construcción de nuevos proyectos de vida.
(Fin/JCM/LMY)